14 de octubre de 2013

Desaprendiendo

Se nos ha dicho que las lenguas romances derivan del latín y que son el resultado de la degeneración del latín vulgar a través de complicados procesos evolutivos. Sin embargo, ¿qué sucedería si las causas del cambio lingüístico, atribuidas a influencias externas, pudieran explicarse desde la escritura ibérica? 

Las primeras evidencias de los romances nos muestran una lengua oral plenamente desarrollada que tiene características afines con las lenguas actuales pero que presentan una rotura con el latín: ni la fonética, ni los conectores, ni la sintaxis son latinas. Y, misteriosamente, algunas de estas características son ibéricas. Mientras se conoce casi todo sobre el latín, la escritura ibérica, que dejó más de dos mil textos epigráficos, se ha ignorado y no forma parte de los estudios filológicos universitarios. A día de hoy, esos textos ibéricos siguen sin descifrarse 

La profesora Carme Jiménez Huertas desmenuza en este video las razones por las cuales resulta evidente esa desconexión filial entre el latín y las lenguas románicas: El latín no tiene artículos, todas las lenguas románicas los tienen, los pronombres se utilizan con preposición en todas las lenguas románicas; en latín no. El hipérbaton latino se parece mucho más al del ingles que al de cualquier lengua romanica. El condicional no existe en latín y si en todas las lenguas románicas. Todas las románicas, menos el italiano y el rumano hacen el plural en S, como en inglés. En la lengua latina cada declinación construía el plural de distinta manera...

Muchos más argumentos tan lógicos que algún día acabarán en los libros de primaria, pero que de primeras nos desmontan el andamio. Cuando los textos ibéricos sean definitivamente descifrados seguramente cambie la concepción de nuestro mundo lingüistico, y quedará clara la conexión entre el euskera y el ibérico, teoría que ya había expuesto nuestro paisano Francisco García Berlanga. Quedará claro también que sin negar la evidente influencia del latín y del árabe, las lenguas peninsulares no vienen de ninguna parte, sino que ya estaban aquí.


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