27 de junio de 2011

El Tolmo de Cabreriza

Por entender que se trata de un hallazgo extraordinario, que puede ofrecer valiosas pistas a los estudiosos de la protohistoria y dar alas al olvidado proyecto de una completa carta arqueológica de la Tierra de Berlanga, reproducimos íntegramente el articulo de este mismo título publicado en el blog La Taina de Gormaz, con el permiso de su autora y el agradecimiento tanto por la calidad arqueológica como literaria de su trabajo.

El Tolmo de Cabreriza posiblemente nos introduce en un espacio ceremonial, que ha quedado testimoniado por la abundante cerámica que de su suelo brota y prolifera desbordada por las pendientes anejas de la cara Norte. Cerámica a mano, de arcillas locales,
- en vasto, para cuencos de cocina,
- engobadas, por fuera y dentro o solo la cara vista, con mineral rojo de hierro local para ollas y fuentes,
- vasos con delicadísimas paredes, trabajadas con arcillas con mucho desgrasantes de cuarzo, lo que les proporciona un aspecto pétreo, siempre desnudos de engobes, buscando el color gris-negro.
- platos y cuencos de comer pulidos y bruñidos en pasta negra, buscando siempre la ligereza de la pieza, lo que se consigue con el control de la temperatura del horno de cocción asi como del ordenamiento y distribución de las piezas en la hornada.

No abundan las decoraciones, pero tampoco faltan. Las salseras tienen matado el borde con líneas paralelas hechas con punzón, y algún mamelón se insinúa en pithos engobados en rojo al exterior. Las carenas se conocen y se presentan en ejemplares pulidos.

Presentan una diversidad de color según las funciones de la vajilla:
Negra, pulida o bruñida para comer, desnuda de engobe, fina y ligera para beber.
Roja para jarras y contenedores de líquidos y amarilla pulida para servir la mesa.
Gruesas fuentes y cuencos para cocinar, con carenas en los fondos, con pequeños pitones para facilitar el transporte,
Bordes decorados con ungulaciones sistemáticas a lo largo del borde de la boca, o con líneas paralelas realizadas con punzon; posiblemente salseras.

No tendría ningún sentido practico el organizar el vertedero del pueblo en la parte mas alta e incomoda del espacio circundante, por lo que se debe buscar un sentido ritual al que se encuentren en esta área, y solo en esta, tal concentración de restos.

La Tierra que cubre la cima no es arcilla sobre las calizas cretácicas, como se tendría que esperar de un cerro profundamente erosionado por todos los agentes climáticos, sino que se encuentra colmatado de tierra fértil revuelta con la cerámica en cuestión y dispuesta en pequeños amontonamientos, distribuidos de forma irregular en la cara W, colmatando la pendiente.

Para entrar en el recinto que personaliza el meandro, nos encontramos un paso reforzado con pared lateral que accede a la terraza izquierda de la ladera, por donde discurre una senda, paralela al curso del rio, rodeando el Tolmo en su cara norte.

Actualmente quedan restos de seis diferentes construcciones de uso pastoril, en el área exclusiva del tolmo, lo que significa seis unidades de explotación, seis familias, que con una media de 5 integrantes por unidad proporciona una densidad de 30 habitantes. ¿Son estas construcciones establos de la repoblación medieval, correspondiendo uno a cada casa del pueblo? Lo mas posible, pero, ¿están rehabilitadas? ¿Son antiguos establecimientos ganaderos de ocupación temporal, diseñados por los primeros colonizadores, no como establos sino como lugar de vivienda para cada una de las unidades que formaban el clan? Por ahí me inclino. Queda perfectamente ocupado y defendido el espacio fértil del rio, completándose con la fertilidad del bosque de encinas, que proporciona buenísimo pienso para sus animales. Los meses de primavera y verano constituirían una apuesta segura en la incipiente economía agrícola del Neolitico, permitiendo una rápida sedentarización, en cuanto las mejoras técnicas de las herramientas de cobre proporcionaron mayor rendimiento del trabajo y con ello una mayor cosecha, una explosión demográfica, un excedente de comida y mano de obra, un comercio en busca de útiles y conocimientos.

El Cobre y el Bronce, especialmente, es la revolución industrial del Neolitico. Los viejos moldes rituales pierden sentido, la población con sus mejoras técnicas de arados, palones, hoces… de depurados filos, consiguen seguridad de aprovisionamiento de alimento, constituyendo una segunda edad de la sociedad del cereal, sociedad proveniente de Oriente. En el 4500 están fechados en Medinaceli. En 100 años llegan a ocupar las fértiles cabeceras de los valles, entre ellas el Talegones, al principio aprovechando los estancamientos primaverales, después aprisionando el agua en primavera para ocasionar grandes crecidas en su vega, al estilo de las crecidas del Nilo. Aquello era trabajar con el conocimiento, sin el esfuerzo de cavar, tarea inimaginable para hombres colonizadores, aplicadores de un sistema oportunista y eficaz, ya que el hombre carece de zarpas y las herramientas de piedra y hueso son poco aptas para esta misión agrícola. Pero sin herramientas el hombre consigue, anegando los campos, estupendas cosechas de cereal, suficiente para su pan y cerveza. Los quesos y la carne de su ya tradicional y floreciente ganadería, le permiten conseguir ventajosos intercambios. Cuando el Bronce se introduce, las herramientas esclavizan la voluntad del hombre, quien embrutece su habilidad oportunista, acechante, viva y móvil, de perfecto depredador de la Naturaleza, para pasar a ser un colaborador voluntarioso.

El campesino aterriza en la sociedad, con su carácter apacible y feliz, noble y orgulloso, fuerte y conciliador. Deja los problemas de los dioses con los sacerdotes y ellos dedican su tiempo a configurar el espacio circundante, en un autentico boom inmobiliario, fincas, taludes, canales, repartiéndose el espacio, constituyendo las seis unidades ¿familiares? Con su cementerio común en el alto, con sus ritos de cremación y fiesta de despedida de toda la comunidad; espacio sagrado de un pueblo sedentario, unido posiblemente por via sanguínea, esto es repoblación familiar que se expande con progresivas generaciones, y formando células con domicilio independiente, cercando entre todos el espacio que explotan, ocupándolo con orden y colaboración. Artesanalmente tienen sus códigos, esto es, un orden establecido en las formas y texturas de las cerámicas, según su utilización. Este orden esquemático se puede aplicar a toda su filosofía de vida.

La búsqueda de determinadas cualidades, ligereza en la vajilla para uso personal, platos y vasos, en contraste con los grosores de las fuentes de calentar al fuego, o con el esmerado trabajo de pulido a los cuencos de carena; todo ello elaborado con la misma arcilla local, nos lleva a un artesano hábil, adscrito a unas reglas culturales allende el grupo tribal. Es un hombre satisfecho, muy satisfecho de su capacidad generadora de alimento. Conserva los rituales de los lejanos dioses, que pasaran a ser cuentos de niños, cuando su cultura pase a formar parte del colectivo inconsciente de la humanidad, ya sustituida por otra forma de producción con otros valores culturales. El hombre del Bronce descubre su voluntad con la alianza de la herramienta, y se dispone a conquistar la tierra y olvidarse de los cielos. Los viejos grabados de los templos desaparecen. La autoafirmación voluntariosa del hombre lo hace mas humano, terrenal, pierde la evocación constante a la divinidad, representada en las fuerzas de la Naturaleza, a las que la Divinidad domina y mueve a su voluntad. Todavía hoy se tiran imágenes al rio en épocas de sequia, no como castigo, sino como forma de conjuro con las fuerzas divinas, realizándose estas ceremonias por toda la colectividad en procesiones ritualizadas por la Iglesia Católica.




2 de junio de 2011

Poblando el silencio

La asociación cultural Los Abedules  ha organizado un evento que promete ser interesante en el pueblo hoy despoblado de Sotillos de Caracena para el día sábado, 11 de junio.
Herminda Cubillo, que es el alma de esta asociación radicada en Muriel Viejo, nos deja esta invitación llena de poesía en su web:

Hemos organizado un concierto para el atardecer del día 11 de junio a las 9,30 de la noche y contamos con la naturaleza,  que en esta época viste sus mejores galas en Soria, para que organice  el  decorado. Os invitamos para que el día 11 de junio acudáis al concierto que se celebrará a las 9,30 de la tarde. Actúa el DUO ENTRACTO. Recomendamos llegar unas horas antes para pasear y mirar el paisaje que también se puede contemplar mientras se escucha la música.
A ésos pueblos nunca llegó la luz, ni el agua, ni el teléfono, ni pavimentaron las calles, ni hubo antenas en los tejados. Tampoco había tiendas, ni médico, ni bares. Las casas eran sencillas y contenían sólo los ajuares necesarios.

Los hombres, las mujeres y los niños trabajaban el campo y cuidaban de algunos animales que les proporcionaban alimentos para todo el año. Solo necesitaban desplazarse a otros lugares para comprar especias para la matanza.

Pueden parecer desamparados pero estos pueblos están llenos de placidez y la quietud que reina en ellos sosiega el ánimo de los que sufrimos las prisas actuales.

Con la ayuda de la Asociación Tierras Sorianas del Cid hemos encontrado Sotillos de Caracena, situado en la Sierra de Pela, a los pies del Pico Sotillos y cercano a las ruinas de Tiermes. Es un lugar sorprendente y grandioso cuyo paisaje contrasta con el desmoronamiento que produce el abandono. Por los muros sin ventanas llegarán imágenes de los tiempos pasados y las piedras susurrarán palabras y murmullos de recuerdos. Os invitamos a disfrutar de todo ello paseando por el pueblo a partir de las 8 de la tarde.

Para los que lleguen de Madrid, TIERRA DE FUEGO, (www.tierradefuego.es) tfno 915215240 ha organizado viajes especiales que se pueden consultar en su página. Recomendamos pasar el fin de semana por esta comarca que atesora vida y arte: El románico de San Esteban, Rejas y de Alcozar, el pueblo de Pedro con su ermita visigoda, las huertas, los molinos y las cascadas de agua, que lo convierten en un vergel. Las ruinas de la ciudad, primero arévaca y luego romana de Tiermes, el museo de las excavaciones y la iglesia románica. Contrastando con las ruinas, los paisajes son suntuosos: las viñas de Atauta, el cañón de Caracena, las encinas centenarias de Valderromán, el valle del rio Pedro, las hoces de Ligos y muchos rincones que cada viajero podrá descubrir.

Hay varios pueblos que todavía conservan gente y mucha belleza en sus contornos. Los interesandos en acudir, pueden hacer cualquier clase de consultas en el correo: aclosabedules@yahoo.es
RECOMENDACIONES
•Rogamos respeto a la naturaleza, como lo tuvieron los habitantes del pueblo.

•Es peligroso entrar en las casas en ruinas; dentro no queda nada.

•No dejéis basura ni colillas.

•Os recordamos que estamos en el dominio del silencio y no queremos que se rompa más de lo necesario. Disfrutemos de la música con todo el respeto de un gran auditorio.

•Las casas se van hundiendo ellas solas, no hace falta que las ayudemos.
 
No se permite rebasar las zonas delimitadas.
Desde Berlanga hay que coger la carretera de Retortillo y seguir las indicaciones para Tiermes.
















6 de abril de 2011

Denominación de origen


En Madrid, perpendicular a la Avenida Ciudad de Barcelona, entre Pacífico y el Puente de Vallecas, se encuentra la calle de Seco y un pequeño restaurante que frecuentábamos mucho algunos berlangueses de la diáspora madrileña.

El sitio se llamaba Lázaros y se comía un menú de buena calidad por ocho euros de vellón. Volvimos el otro día para recordar viejos tiempos. Todo el personal se había renovado por lo que nadie se acordaba de nosotros. Le han cambiado el nombre pero se sigue comiendo bien y además nos sorprendieron con que el vino del menú tiene grabado el nombre de nuestro pueblo y el castillo en la etiqueta.

5 de abril de 2011

La Senda del Torete, y van tres


El próximo 23 de abril, este año coincidiendo con el día de Castilla y con el Sábado Santo, tendrá lugar el “III Encuentro entre Pueblos Por la Senda del Río Torete”.
Este año se saldrá de la plaza de Villasayas a las ocho de la mañana para llegar a la hora de comer a Caltojar, tras haber pasado y pisado los pueblos de Fuentegelmes y Bordecoréx, sus grandezas monumentales y el campo en plena explosión de la primavera soriana (la que tarda, pero es tan bella y dulce cuando llega)
 
Los que estuvisteis el año pasado y nos contasteis maravillas, tenéis la oportunidad de repetir la experiencia, y los que no conozcan el evento todavía, se pueden apuntar antes del día 17 en cualquiera de los pueblos participantes o mandando un correo electrónico a  esta dirección: senda@bordecorex.es.

22 de marzo de 2011

El azucarero Vellosa

Oficialmente figura la fecha de 1501 y el nombre de Pedro de Atienza, natural de Medina del Campo, como el primer colono que plantó caña de azucar en el Nuevo Mundo, concretamente en el Valle de la Vega Real, en la isla Española, con esquejes procedentes de las Islas Canarias.

Fray Bartolomé de las Casas, en su Historia de las Indias, libro III, capítulo CXXIX, cita a un tal Aguilón como el primero que fabricó azucar en América, con rudimentarios instrumentos de madera, con los que exprimía el zumo de las cañas, allá por los primeros años del siglo XVI, y que continuó haciéndola otro colono castellano, apellidado Vellosa, cirujano natural de la Villa de Berlanga, que ya por el 1516 elaboraba un azucar de muy buena calidad y con aparejos más convenientes en los fértiles campos de la actual República Dominicana.

3 de marzo de 2011

Jueves lardero


Cerca del camino de Bordecorex a Barahona y de los restos de la atalaya musulmana de La Torre, cerca también de la Cañada Real Soriana, por donde se juntan los términos de Bordecorex, Fuentegelmes, Barahona y Rello, hay un curioso mojón que creemos haber visto citado en el libro de Guillermo García Pérez sobre las Rutas del Cid. Estos llanos por donde caminamos se encuentran a más de mil metros de altitud.


Asentado sobre un pequeño montículo, la parte visible mide alrededor del 1,40 y tiene una cruz grabada en la parte superior. ¿podría tratarse de un viejo miliario?

Fotos y textos: Axinio

27 de enero de 2011

Axenia

Escapa a toda indagación la ciudad de Lagni, citada por Diodoro de Sicilia, pero debemos admitir la de Axenia para Berlanga por razones que a su tiempo serán expuestas, subsanando quizás asi una omisión, al no incluirla los autores entre los arévacos (...)

El consul Quinto Fulvio Novilior determinose a acampar cerca de Numancia, en donde pasó un cruelísimo invierno. No sabían los romanos lo que era invernar en Hispania, en una meseta a 1.200 metros sobre el nivel del mar, y en la provincia de Soria, expuestos a las nieves y aires del Moncayo, por lo que los días se hacían eternos y las enfermedades tan agudas como mortales, excaso de víveres y de vituallas se dirigió a Axenia, ciudad bien provista, como mercado que era de los celtíberos (¿Berlanga?) pero con tan mal exito que tuvo que volverse a sus reales sin ellos, viendose obligado a levantar el sitio en una noche.


La identificación de Axenia no está definida, pudiendo aplicarse a alguna de las ciudades próximas a Numancia, y en situación propicia y en cruce de vías, por lo que indico a Berlanga, cuyo nombre antiguio realmente nos es desconocido, pero que siempre conservó gran importancia como mercado (Cortes la aplica a Buenache o Ayora, pero sin razón de verosimilitud alguna)

Los Arévacos. Narciso Sentenach. Revista de Archivos, bibliotecas y museos. 1914

21 de enero de 2011

El Trabuco

El mito del Coco, tan antiguo como el mundo, ha sufrido en la provincia de Soria -en algunos pueblos especialmente enclavados a lo largo de la linea ferroviaria de Ariza a Valladolid- una transformación notable.

Las madres no pretenden ya atemorizar a sus hijos con la fantasía antiquísima. ahora les basta con decir:

_¡Que viene el Trabuco!

Por rebelde que sea el chiquillo, la mágica palabra lo aquieta y convierte en dócil, hasta que olvidado del nombre temible, una nueva diablura lo vuelve a recordar.

A los pequeños indómitos, díscolos, traviesos, les dicen los convecinos:

_¡Eres más malo que el Trabuco!

Y este nombre, repetido una vez y otra y cientos de ellas, se agiganta, y con el crecimiento del apodo, aumenta la leyenda, se multiplican los hechos y se hace novelesco y popular el relato de las hazañas del bandido.

Porque en la provincia de Soria hizo su aparición hace unos años un auténtico malhechor, que vivía entre riscos, que hacía apariciones periódicas en los pueblos, robaba y volvía a sus dominios con el producto de su excursión.

Hemos querido conocer la vida y milagros, los hechos delictivos y las excursiones de el Trabuco, y un comerciante prestigioso de Berlanga de Duero, Don Angel Alfonso, protector desinteresado de la familia del malhechor nos ha hecho un detenido relato que ofrecemos a nuestros lectores

DE ENRIQUE GARCIA HERNANDO A EL TRABUCO

Hasta hace una decena de años -comienza el Señor Alfonso-, había en Berlanga de Duero un hombre fuerte, robusto, honrado, servicial, que figuraba en primer lugar entre todos los trabajadores. Se llamaba este hombre Enrique García Hernando, y era el primero en iniciar la jornada, el ultimo en acabarla y el que menos tiempo perdía en los descansos durante el día.

Sobrio en el comer y en el beber, jamás tuvo una pèndencia ni un disgusto. Era padre de seis hijos y su hogar podía calificarse como de los más felices. Había casado Enrique con una buena moza, guapa de entre las más guapas, garrida, trabajadora e hija de una viuda con el patrimonio saneado.

La señora Martina, la Polla, estaba encantada con el hombre que había correspondido a su hija y la hacía feliz. Aquellos seis nietos eran para la abuela el complemento de sus venturas. Enrique García, con su trabajo incesante, incansable, acrecentaba el patrimonio, las tierras eran fértiles y la recolección, cada vez más abundante, merced a los esfuerzos del mozo fuerte, convertido en cabeza de familia.

Los convecinos de Enrique no tenían palabras más que para elogiarlo, y quizás mas de uno envidiaba aquella fortaleza, aquella disposición para el trabajo, aquel afán de prosperar que hacían sobresalir entre todos a Enrique García Hernando.

DE TRABAJADOR INCANSABLE A BANDIDO

Un día, prosigue nuestro interlocutor, hace de esto ocho o nueve años, se vio entrar en la taberna, cosa insospechada en él, a Enrique. Sin duda lo convencieron a fin de proponerle un negocio. A partir de aquel momento abandonó el mozo fuerte la azada y el arado y se dedicó a negociar en patata temprana. Frecuentaba la taberna con sus compinches y se alejaba cada vez más de la faena, influenciado sin duad por los primeros éxitos del negocio. Bebía con abundancia y se iniciaron los disgustos en el hogar, hasta entonces dichoso.

La señora Martina, la Polla, afeaba a su hijo político aquella conducta y más de una vez surgieron altercados violentos que quebraron de manera imposible ya de corregir, la paz doméstica. Poco después surgía el bandido. Sin que se conozcan las causas ni al parecer le impulsase nadie a ello. Enrique García Hernando, el Trabuco, se lanzó al monte y comenzó sus fechorías.

-¿Cual fue la primera de ellas? - interrogamos

-Un caso original en la historia del bandolerismo. El Trabuco cometió su primer delito robándose a si mismo. Una noche, que sin duda había bebido más de la cuenta, llegó a su casa, se apoderó de un jamón y de un garafón de vino y desapareció.

-¿No volvió a presentarse más en Berlanga?

-De día no fue visto. Sin duda sus andanzas eran nocturnas, dedicadas a proporcionarse pan y vino. Se cometían pequeños robos de esta clase de alimentos y comenzó a sonar el nombre de el Trabuco como supuesto autor de ellos.

-¿Lo detuvieron pronto?

-Si. Comenzaron las actuaciones de la Guardia civil, que consiguió detenerlo, y fue conducido a la cárcel de Almazán, por vez primera. Lo condenaron a dos o tres meses de cárcel, y cuando salió reanudó su vida de bandolero.

-¿Qué fue de la familia de el Trabuco?

-Continuó con la abuela y se fueron casando las hijas mayores. Dos lo están ya, una de ellas en Barcelona. Uno de los hijos trabaja en casa y lo tenemos muy considerado por su honradez y simpatía. Otro hijo está en Almazán, y las hermanas pequeñas o con la abuela, durante el invierno, o con las hermanas casadas.

POR NO MATAR A LA ABUELA

Cuantas veces ha sido detenido el Trabuco, ha hecho la misma declaración.

-¿Por qué llevas esta vida -le han preguntado. Y el invariablemente responde:

-Por no matar a la abuela.

Entretando, la abuela, Martina, la Polla, acogió a sus nietos y enterró a su hija, victima de los sufrimientos. La fantasía popular se desborda cuando tiene por tema al bandido soriano.

-Una vez - oimos decira a una moza en la fuente de los cuatro caños de Berlanga- salió al camino con una escopeta y un cuchillo y quiso matar a dos hombres.

-Pues otro día -afirma otra- asaltó una casa de Aguilera, y la dueña recibió un susto que murió poco después.

-¿Y cuando robó en la iglesia de Recuerda? -exclama otra

-A mi me han dicho que cuando está suelto, viene a dormir sobre la sepultura de su mujer, al cementerio, asegura otra moza, mientras el cántaro se llena.

¡MATAME YA DE UNA VEZ!

Parece, según nos dice persona merecedora de crédito, que al ser detenido el Trabuco por última vez, hace poco más de mes y medio, fue conducido por la Guardia civil a la cárcel de Berlanga. Allí lo visitó Quirico, su hijo mayor, que le afeó la conducta, diciéndole:

-¡Nos está usted deshonrando! lo que debíamos hacer sus hijos era matarlo y así acabábamos con esta vergüenza.

A cuyas palabras respondió cabizbajo y apesadumbrado el famoso bandido

-!Tienes razón, hijo: mátame ya de una vez y descansaremos todos!

Pero Quirico, que es hijo cariñoso, que padece la vergüenza de ser hijo del hombre tan temido, se lamenta:

-¡Al fin y al cabo, es mi padre!

MARIO ALEGRIA. Revista CRÓNICA. Año VII. Número 302. 25 de agosto de 1935.

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En el próximo número: LAS ULTIMAS FECHORIAS COMETIDAS POR "EL TRABUCO"

El robo de hornamentos de la iglesia en Recuerda / Ingenuidad de malhechor / Siente predilección el bandido por las ovejas y las bodegas de vino / Por qué y cómo fue detenido el Trabuco / Tres años en la cárcel de Burgos.

4 de enero de 2011

Preguntas

La carretera SO-100, que gestiona la Consejería de Fomento de la Junta de Castilla y Leon a través de la Dirección General de carreteras e infraestructuras, se encuentra englobada en la denominada "Red complementaria preferente de la provincia de Soria" y según la información de los citados organismos regionales, tiene una longitud de 46.003 metros y une la ciudad de Soria, partiendo de la N-111, muy cerca de la Fuente de la Teja, con la villa de Berlanga de Duero.
En Berlanga el lugar donde empieza o finaliza esta carretera es conocido como "El Empalme" donde se junta con el antiguo camino del Puente Ullán a Medinaceli, convertido en el siglo XIX en carretera del Puente Ullán a la Cuesta de Paredes, cuya denominación actual es SO-116.
Y bien, estando tan claro el asunto y siendo conocido por todos, ¿por qué motivo no aparece en la señalización del punto de partida de la SO-100, que aquella via conduce a Berlanga?
¿Quién es el responsable de este error tan garrafal? ¿Continúa en su puesto cobrando del erario público o ha vuelto con sus ovejas? dicho sea con la mayor consideración hacia los pastores.
¿Ha realizado el Ayuntamiento de Berlanga, como garante del bienestar y buen nombre de sus vecinos y negocios, alguna queja oficial sobre el asunto a la Junta de Castilla y Leon?
De ser así, ¿ha recibido alguna esperanza de que se desfacerá el entuerto?
Desde aquí, nos encomendaremos a sus majestades Los Reyes Magos de Oriente, que pasan mañana por la noche.
Mas información en "La Conjura de los postes"

Repoblar por repoblar

Alguien en algún momento nos contó un cuento en el que los más bonitos paisajes eran paisajes frondosos, con altas montañas y ríos corriendo...

En mi opinión el paisaje no es bonito o feo, el paisaje ha de estar vivo. En nuestra comarca el modelador del paisaje ha sido el ganadero que mueve sus ovejas, el agricultor que recoge sus espigas de oro y otros productos, aunque ahora estén subvencionados (ellos no tienen la culpa), el que trabaja en el monte, y el resto de oficios que hace que viva gente en nuestros pueblos. Con el paso del tiempo la adaptación a los "nuevos tiempos" ha significado un descenso de población hasta lo que vemos ahora: Nuevas Alconezas a la espera de ser devoradas por las hormigas...
Y mientras tanto las soluciones venidas de los organismos públicos muchas veces han significado "violar al moribundo". Soy muy crítico con todo este tipo de experimentos que al final no sirven para nada.
“Pinar de la Fuente El Lobo”. Si uno se da una vuelta por este paraje verá un pinar enano, con oruga, sin ningún uso. A nadie en su sano juicio se le habría ocurrido. Te puede gustar un pinar o no, un tomillar o no, ¿Tener un pinar, para que ha servido?

Respecto a la zona de repoblación de encinas, no tengo fotos, pero si alguien partiendo de la carretera Berlanga-Paones coge el desvío para Cabreriza a los pocos kilómetros lo verá en los vallados de la zona izquierda.

Harina de otro costal es desarrollar iniciativas que tengan un beneficio menos idílico, como las experiencias que se están viendo con planta micorrizada y otras cuyo objetivo sea evitar la despoblación (no tengo la receta).

Las experiencias de repoblación forestal, parten de la idea de que el bosque es el objetivo.

¿Pero que objetivo?

Repoblaciones como las que se hicieron en las Tierras Altas de San Pedro Manrique y Yanguas. Miles de hectáreas dedicadas por decreto a la repoblación forestal que, despues de muchos años solo sirven para ver a lo largo del año un color siempre verde, sin producción y que condenaron a la despoblación a tantos pueblos, desde Taniñe a Armejún (en esencia ganaderos)…
…piedra y teja.

(Comentario anónimo enviado al blog el 31 de diciembre de 2010)

30 de diciembre de 2010

Apuntes de viaje

La provincia de Soria.- Desde el Puente Ullán a Paredes

Inútilmente buscaría el viajero que recorriese el centro de España, región más digna de estudio que aquella que, situada a 910 metros sobre el nivel del mar, regada por el Alto Duero y fronteriza a Guadalajara y a los montes segovianos, forma hoy la parte meridional de la provincia de Soria.

Patria de los antiguos Arévacos, que acaudillados por Sartorio y Perpena, después de titánica lucha, prefirieron la muerte al yugo de Pompeyo; repoblada en los comienzos de la era cristiana y de nuevo arrasada a fines del siglo X por las feroces huestes de Almanzor, a su vez derrotadas en las fragosas sierras de Calatañazor por los Reyes de Aragón y Navarra unidos al esforzado Conde de Castilla Garci Fernández, fue por fin reparada por D. Alfonso I el Magno, según nos refiere el Silense, si bien tuvo que sustraerla del poder de los moros D. Alfonso VI cuando preparó la conquista de Toledo en 1085.

No hay pulgada de tierra en ese histórico país, que no conmueva el animo fuertemente, ya sea porque desde sus cumbres a lo lejos se divisen las memorables ruinas de Numancia, Turia, Clunia, Valeránica, Termancia y Oxama, ya porque esté su suelo salpicado aun de generosa sangre, derramada en las grandes batallas de Ordoño II, de los califas, de los Alfonsos y de Alonso I de Aragón; ya porque recuerde aquellos fuertísimos tercios de Soria y de Medinaceli, que mandados por D. Lope de Haro, rompieron las cadenas del campo en Las Navas de Tolosa; ya porque la historia nos recuerde que allí vivieron los Iñigo de Velasco, Condestables de Castilla, Dª María de Tobar, fundadora de una colegiata ignorada hoy, y que es sin embargo una de las obras más bellas de Juan Rasines El Burgalés, tan grande en la historia de la arquitectura, cuanto desconocido por la inmensa mayoría de los españoles; bien porque en algunos de sus castillos vivieron prisioneros los hijos de Francisco I, al paso que otros ofrecieron suntuoso hospedaje a Felipe V, al Duque de Gandía y a Isabel de Valois, hija de Enrique II de Francia, y tercera esposa de Felipe II, o por último, porque allí tuvieron su cuna, hombres de la talla de D. Juan Bravo de Lagunas y de su hermano D. Gonzalo, alcalde este de Córdoba, por la cual dio su vida, y obispo aquel de Ciudad Rodrigo y de Calahorra, y capellán mayor de Dª Isabel, primogénita de los Reyes Católicos; del venerable Tomás de Berlanga, Obispo de Panamá; del gran dominico Brizuela, consejero y confesor del Archiduque Alberto, sobrino y yerno de Felipe II, y confesor en sus últimos años, de Felipe III, y de tantos esclarecidos varones que fuera prolijo enumerar.

Y en verdad que al evocar recuerdos que duermen hace siglos entre el polvo de los archivos, no tratamos de hacer más sensible la decadencia de la región que nos ocupa, sino antes bien llamar la atención del Gobierno, de la Academia de Bellas Artes y de los hombres de letras, codiciosos de abrillantar las glorias nacionales, haciendo constar el injusto abandono en que se la tiene desde que la abandonaron los Condestables al subir al trono Felipe V, que los llevó a su corte, y la culpable indiferencia con que se la mira.

Ni un ferrocarril atraviesa aun sus extensas llanuras, ni una derivación del Duero riega sus estériles vegas, ni un alto horno anuncia con su penacho de humo, que allí sea conocida la industria moderna, ni ley alguna acuda en auxilio de aquellas magníficas cabañas, que amparadas por La Mesta y pudiendo trashumar con facilidad de norte a sur de la península, producían las lanas más finas y más buscadas del mundo; ni la ciencia ni la maquinaria, ni el capital se unen para favorecer su esquilmado suelo y su empobrecida agricultura.

De aquí que solo se encuentren en general miserables aldeas con adobes construidas, de casas desniveladas, de calles sucias, de abrevaderos obstruidos, de fuentes derruidas, de templos agrietados, de aportilladas escuelas; de aquí que solo se vean campos apenas roturados, porque la mano del labrador es demasiado débil para acariciarlos, vergonzosamente engalanados de pálidos centenos y de poco productivos morcachos, cuando ningún suelo es menos susceptible de grandes transformaciones que el silicio.

Si de las cosas pasamos a las personas y semovientes, aun es más dolorosa la impresión que se recibe: trajes pardos como el suelo, como las casas, como los rostros ennegrecidos por el sol y los vientos; trajes en veinte puntos recosidos y desgarrados en otros veinte, pechos desnudos que azota el cierzo con sus alas de nieve; cabezas venerables siempre descubiertas; miradas tristes, pálidos avios que no sonríen mas que en los primeros años de la juventud; mujeres que se engalanan con un pañuelo de algodón; niños que se abrigan con los harapos de sus madres, pies que deshacen el hielo de los aminos, calzados con pieles sin curtir; rostros demacrados, en fin, sobre los cuales se leen estas desconsoladoras palabras: hambre, ignorancia, resignación y miseria.

Creen en Dios, practican la caridad, pues por pobre que sea el que tiene una casa, socorre siempre al mendigo errante que llama a la puerta, cuando no con pan del que tal vez carece, con una legumbre de su cosecha; pero no creen en los hombres; desconfían de los gobiernos; se ríen de los que les piden su voto, y en todas sus conversaciones se nota el fatalismo mas desconsolador.

Cuanto a su alimentación, es tan sobria, tan deficiente, que apenas se concibe que con ella puedan vivir. Pan duro de trigo mezclado con centeno, algunas legumbres preparadas con una lágrima de aceite, algunas veces tasajo de reses muertas de enfermedades infecciosas y ahumado en la chimenea; alimentación que revela una de las primeras causas de la decadencia de nuestra raza, así como el origen de terribles enfermedades, que fácilmente podrían evitarse y que, sin embargo, disminuyen de día en día la densidad de nuestra población.

Honradísimos todos, pagan sin murmurar los diferentes impuestos que los abruman; entregan sin proferir una queja el contingente de soldados que les corresponde; acatan las leyes, obedecen a las autoridades, practican sus deberes religiosos como en los primeros siglos, respetan al cura de su aldea y parten a remotos países con la frente serena y la conciencia tranquila. Y a fe que esta es su última esperanza, porque al otro lado de los mares están sus hermanos enriquecidos en el comercio de Veracruz, del Uruguay, de Venezuela, de Honduras y del Ecuador.

Además de los males hondísimos que producen este estado anémico y desconsolador, males que pronto describiremos para poder indicar los medios más prácticos y mas sencillos que convendría emplear para curarlos y conducir aquel país a un grado de relativa prosperidad, nos parece que contribuyen a su aniquilamiento lo poco conocidas que son de los hombres de gobierno las ultimas capas sociales, y mas aun el modo de ser de nuestra aldeas, sumidas hoy, como ayer en la mas crasa ignorancia.

Nuestros labradores sufren en silencio, pagan sin protesta, o si alguna vez se quejan es donde su voz no tiene resonancia alguna. Cuanto a escribir… ¿Qué saben ellos lo que es la prensa, lo que es el libro? ¿Quién se lo ha enseñado nunca? ¿A qué conferencias han asistido? ¿A que hombres de talento han oído hablar nunca, fuera de alguna reunión electoral, que les molesta, fuera de la Audiencia, que les aterra? Solo entre lágrimas y suspiros contestan al quinto que defiende el orden, la honra, la integridad de aquella patria que olvida a sus ancianos padres, que o bien vegetan sobre un montón de ruinas y de humanas miserias, o bien sucumben de cansancio y de frío en el linde de un camino al ir en busca de aquel regojo de hogaza que en sus pueblos les falta.

Nuestros estudios han sido hechos sobre el terreno, viviendo entre colono y propietarios; de pie sobre el surco o sentados a la sombra de las mieses, sintiendo día por día las palpitaciones del pueblo; escuchando sus cantares, tan melancólicos como sus quejas; y tanto podrían servir estos apuntes a la región de que nos ocupamos como al Gobierno mismo, si en ellos fijase su atención, que tiempo sería de que lo hiciese, si quiere sostener el crédito nacional, que por fuerza ha de resentirse a medida que disminuyen las rentas y que millares de fincas pasan, por insolvencia de sus dueños a manos del Estado.

Emilio Mozo de Rosales

LA EPOCA, 26 de noviembre de 1887

8 de diciembre de 2010

De Atienza a la feria de Berlanga


En una ocasión, con trece o catorce años,sobre el 1940, marché con el señor Pedro, Pedro Sanz, pariente de mi padre, a la feria de Berlanga, que era el 8 de diciembre. Llevábamos dos vacas y un macho romo, hijo de caballo y burra.
De Atienza salimos de mañana, con mal tiempo, pues estaba prácticamente nevando. Paramos a descansar en Arenillas, pueblo de la provincia de Soria en el que por ver si cambiaba el tiempo, aprovechamos para almorzar. Pero en lugar de que las nubes se alejasen comenzó a nevar con mayor intensidad.
Nos detuvimos a comer en casa de unos amigos del tío Pedro, y tras la comida y secar las ropas regresamos al camino. Berlanga de Duero era entonces un pueblo acogedor y lo primero que tuvimos que hacer al llegar fue buscar posada, aunque tampoco había demasiado problema puesto que en época de feria rara era la casa en la que no se admitiesen huéspedes, al igual que sucedía en Atienza por semejantes fechas. Nos hospedamos en casa del señor Santos, un hombre recio que nos abrió la puerta sin dudar. Vestía pantalón hasta media rodilla, medias hasta la altura del pantalón, chaquetilla corta, faja en torno a los riñones y pañuelo a la cabeza.
Nos esperaba en la puerta de su casa, a quince personas entre hombres y chavales que fuimos los que allá nos alojamos. Dormíamos en las cuadras o en los pajares, y allí estuvimos tres o cuatro días bajo aquel techo en el que la señora Magdalena preparaba la comida para más de veinte personas, a veces unas sardinas y otras unas patatas y, entre bocado y bocado, comentando cada cual como le fue la feria. Acudir a la feria tenía su arte. El primer día era de observación, para ver como se hacían los tratos y cuánto valían los animales. Los restantes dependían de cada cual, de la agudeza, de la destreza y de las palabras.
Fue una de las primeras ferias a las que acudí, y no se nos dio nada mal, vendimos las vacas que llevábamos, a unas mil pesetas cada una, a pesar de que a punto estuve de perder el macho romo, cuando le fui a dar agua a una laguna próxima. Se me soltó del ramal y se fue al interior de la laguna con la mala suerte de que se quedó atascado con el cieno del fondo, del que tras muchos esfuerzos logró salir, cuando parecía que se iba a hundir en medio del barro.
En Berlanga había cine, lo que no ocurría en Atienza. Decidimos ir el grupo de muchachos con los que me junté, más o menos de mi edad, algunos de ellos de Atienza, a pesar de que nos quedaríamos con las ganas, pues no teníamos suficiente dinero para pagar la entrada.
Regresamos a Atienza al cabo de los tres o cuatro días. Nuevamente a hacer la parada en Arenillas y por el llamado monte de las Liebres y camino de San Jorge, a Atienza.
Cuando salimos de Berlanga llovía, por el camino comenzó a nevar y a casa regresamos helados y empapados.


Tomás Gismera Galán

1 de diciembre de 2010

Tres piezas visigodas



LA OCUPACION VISIGODA EN EPOCA ROMANA A TRAVES DE SUS NECROPOLIS. Tesis doctoral de Gisela Ripoll López, dirigida por Pere de Palol
Barcelona. mayo de 1986. UNIVERSIDAD DE BARCELONA
Berlanga de Duero (Soria)

Pertenecían a la antigua colección Darío Chicote de Valladolid, tres elementos de adorno personal con referencia de Berlanga de Duero. Actualmente forman parte del Museo Episcopal de Vich (Barcelona).
1.-Fíbula en bronce de 10,8 cm. de longitud máxima. La cabeza o placa del resorte es de forma circulr y presenta cinco apéndices o digitaciones sobresalientes. En cada uno de estos apéndices una incisión de tres estrías. La zona semicircular está ornamentada por medio de tres círculos concentricos separados por una linea de puntos realizados a punzón. El puente con arista dorsal plana muy pronunciada. El pie o placa del enganche, con cuatro apéndices sobresalientes o exentos, de forma circular con incisión de círculos concéntricos. El extremo distal del pie con dos motivos romboidales y dos círculos concéntricos formando una cabeza animal. La zona ornamental de la placa es de dificil lectura, pero parece que tambien estuvieron presentes una serie de motivos a base de círculos concéntricos.
2.- Broche de cinturón en bronce, de 9,8 cm. de longitud. La placa rígida incluye su hebilla pero ha perdido la aguja. Pertenece al grupo de placas caladas. Su lengüeta vaciada, está rodeada por seis orificios, y un séptimo por donde se introducía la aguja. El extremo está remachado por una forma semicircular. Su estado de conservación es bueno.
3.- Broche de cinturón de lengüeta rígida. La hebilla diferenciada de la placa por medio de dos muescas muy pronunciadas, conserva su aguja de base escutiforme muy voluminosa. La placa con un ligero estrechamiento en su zona central, finaliza con un extremo de tipo triangular. La longitud de la pieza es de10,6 cm. Las concreciones de suciedad cubren tanto la hebilla como la lengüeta.
Bibliografía: ZEISS.H. Die Grabfunden aus dem spanischen westgotenreich. Berlin-Leipzig. 1934, pág 185, láms 3, 11, 14
ALONSO, A. La visigotización de la provincia de Soria. "Celtiberia" XXXIV. 1984, nº 68, págs 189-190
Más datos en este blog
Aqui se habla del descubrimiento por nuestra parte de la existencia de piezas visigodas, aspecto de nuestra historia que no se menciona en casi ningúna bibliografía, salvo una brevísima mención de Pérez Rioja. Angeles Alonso Avila, en su trabajo "la visigotizacion de la provincia de Soria" publicado en la revista Celtiberia, nos dice lo mismo de las piezas descritas en la tesis de Gisela Ripoll, pero aporta un dato nuevo, y es que su encuentro se produjo en "una aldea próxima a Berlanga"
Informabamos de la carta enviada al obispado de Vic pidiendo datos de las piezas y de la poca fortuna que habíamos tenido en esta empresa, pues ni entonces ni hasta la fecha, hemos tenido respuesta. El camarada Axinio en los comentarios nos daba la primera pista sobre el paradero actual de las piezas que puede estar en el Arqueologico de Barcelona. Parece que alguna de estas piezas (o las tres) se encuentran en este museo, como afirma Martín Almagro Basch, y el botín es mas amplio pues tambien en el Numantino de Soria hay piezas de Berlanga o de su comarca.
Nos hemos preguntado muchas veces si esa aldea "proxima" a Berlanga puede ser Castro o Peralejo de los Escuderos, ya que noticias fehacientes de otra más próxima con necropolis visigodas no tenemos de momento.
Continuamos con las pesquisas.

San Baudelio

Baudelio, en griego, significa inasequible al desaliento. Su fiesta se celebra el 20 de mayo.

Santo de los inicios del cristianismo, natural de Orleans, que predicó en Nimes cuando esta ciudad occitana pertenecía al mismo reino godo que la península ibérica. Es conocido también como Baudilio, Baudulo, Baudel, Baldiri, Boi y Boal.

En un bosque sagrado de Nimes fue martirizado, cuando echaba una enfervorecida reprimenda a los paganos alli congregados, para celebrar las fiestas natalicias en honor a Júpiter. Por el escenario de su muerte se le representa junto a una palmera y un hacha.

Cuentan que su cabeza, como la de San Pablo, dio tres botes separada del tronco, de los cuales brotaron tres fuentes. Allí mismo fue enterrado y a partir del siglo IV se comenzó a hablar de milagros, entre ellos las curaciones por tomar hojas de un laurel gigante que había nacido junto a su tumba. Uno de estos milagros fue contemplado por Teodorico, rey ostrogodo, junto a su nieto Amalarico, que sería rey visigodo en el siglo VI. Su fama de taumaturgo extendió su devoción por Francia y España donde es considerado patrón de hospitales y sanatorios.

No se sabe cual fue el paradero de su sepulcro, que se disputan varias iglesias. Parece seguro que su cabeza está en Santa Genoveva de París y que sus reliquias fueron dispersadas. Hay noticia de que algunas llegaron hasta Zahara y La Morera, pueblos de Badajoz. Según el Diccionario de Sebastian Miñano y Tomás López de Vargas, de 1827, en la aldea de Nódalo, del Señorío de Calatañazor, se conserva mucha parte de su cuerpo.

Nos informa el bloguero de SoriaCasiVerde, natural de este pueblo, que el día de su fiesta se veneraban unas reliquias y una imagen del santo que pudo desaparecer en un incendio, y que en la leyenda local el santo llegó al paraje del Hocino montado en un burro, donde fue recibido por los moradores que inventaron esta coplilla:

San Baudelio bendito,

de Casillas has venido,

en una borriquilla ciega,

a las piedras del Hocino.

Los de Casillas llegaron a recuperar al santo y ahi es donde los de este pueblo dijeron aquello de "No-dalo" que con tanta gracia contaba el actual alcalde de Caltojar cuando era guarda de la ermita.

En muchos otros lugares se ha conservado la veneración de San Baudelio. Tenemos noticia de una ermita de San Baudelio en el pueblo de Cigudosa y de un antiguo priorato de San Baudilio en el pueblo de Samboal, partido de Cuellar, donde hay una hermosa iglesia mudejar dedicada a este santo, iglesias de San Boal en Blascosancho (Avila), Villaflor (Zamora), Zorita de la Loma (Valladolid) y Salamanca.

En la foto, sacada de una interesante página sobre el románico (Círculo románico) se ven las figuras hieráticas y sentadas de San Baudelio, en el lado de la epístola (derecha) sin palmera ni hacha, que se han sustituido por un cetro terminado en flor de lis. Esta pintura es de las pocas que permanecen in situ. En el lado del evangelio, llamado asi porque allí se leían estas escrituras cuando el cura celebraba la misa de espaldas al pueblo, vemos tambien a San Nicolás de Bari, con báculo. La pintura original está en un museo de Cincinati. Otro santo que fue muy venerado en los primeros tiempos del cristianismo, que tuvo dedicada una de las antiguas parroquias de Berlanga, y que actualmente tras unas cuantas metamorfosis, es más conocido como Papa Noel.

El quinto mosquetero

D’Artagnan es un quinceañero alocado que sale de su casa paterna en la Gascuña, con quince escudos en el bolsillo, un escuálido rocín ocre, un bálsamo capaz de curar heridas, siempre que no estén muy cerca del corazón, una carta de presentación del capitán de los mosqueteros y dos consejos de su padre: "no temas las ocasiones" y "busca las aventuras".

En el camino a París pierde la carta, recibe una paliza y se encuentra con una mujer bella y misteriosa que será la causante de muchos de sus problemas posteriores.

Dumas padre parece que se inspiró en personajes reales para escribir Los tres mosqueteros en 1844

El mosquetero Celedonio, cien años después, subió a un tren en Soria después de darse una vuelta por una ciudad que no conocía y tomarse unos torreznos en la Casa de la Tía Apolonia, ilustre berlanguesa que tenía taberna en la Plaza de herradores. El tren lo llevaría a Barbastro tras muchas horas de viaje y unos cuantos trasbordos, donde le había correspondido hacer un largo servicio militar. El afan aventurero lo perdió por completo en aquellos duros años de posguerra en los que faltaba de todo, y a él y a sus cinco hermanos, también un trozo de pan con la frecuencia que el cuerpo tiene por necesidad.

Los consejos que recibió de su padre fueron los mismos que había escuchado desde que tenía uso de razón: "obedecer y trabajar, que a la gente honrada la quieren en to-los-laos"

En Barbastro sirvió en la cocina, y con cama y rancho asegurados, hizo como si no le faltara de nada, mientras soportaba docilmente el tiempo que tenía que pasar entre uniformes. Un capitán de cocina le preguntó una noche que cual era la comida típica de su pueblo, y sin pensárselo dos veces le contestó que el cardo con almendrucos, y le vino a decir, aunque con otras palabras, que en el sabor antiguo de esta comida de invierno, el veía mezclados en su justa dosis todos los olores de Berlanga, con el amor de su familia, mas unas salpicaduras de felicidad.

Después de la mili, un pariente le buscó trabajo en una fabrica de harinas de Zaragoza, donde ejercería de bestia de carga hasta su jubilación. El mismo pariente le presentó a la que sería su mujer, una moza de la parte de Agreda que trabajaba de zurzidora en un sótano lúgubre del Paseo de la Independencia, de donde el Celedonio la sacó antes de que perdiera la poca vista que le quedaba después de una rubeola intrauterina.

Hasta que murieron sus padres, El Celedonio aparecía un par de veces al año por Berlanga para ver a la familia y pasar unos días entre los paisajes de su infancia, esos que dicen que los lleva uno metidos hasta en el código genético. Después los hermanos, que ya andaban todos bajo otros cielos, vendieron la casa de las Yuberías, y dejó de visitar su pueblo con la misma resignación que había presidido toda su existencia, pero no por ello dejaba de relatar a sus tres hijas y luego a sus nietos, como eran los bailes y las diversiones de aquel pueblo que acababa de pasar por una guerra en la que nadie salió ganando, aunque algunos estuvieran convencidos de lo contrario.

Banda sonora: El mojado de Ricardo Arjona (vía Youtube)

30 de noviembre de 2010

Caminos de ensueño


’La vida es un viaje, es sólo un único viaje; a lo largo de ella hay sólo un camino, un bosque oscuro, una colina, un río que cruzar, una ciudad a donde llegar; un amanecer, un anochecer; sólo que uno encuentra, muchas veces, cada uno de esos hitos: lo aprehende y lo comprende, lo describe y lo olvida, lo pierde y lo vuelve a encontrar’

John Crowley. ’Aegypto’


Este artículo, video incluido, son gentileza de Juan Carlos Menéndez y su blog "Soria, se hace camino al andar"


Como el protagonista de ésta esotérica novela de John Crowley, confieso que a veces yo también tengo la sensación de vivir, en una aparente realidad, dos historias diferentes. Me ocurre a veces, cuando visito un lugar, y regreso al poco tiempo. Percibo la nueva realidad, y al tratar de compararla con los recuerdos anteriores, siento que me falta algo. Que hay un añadido o una infinidad de detalles nuevos, que hace que vea las cosas de forma diferente.

El sábado pasado, mientras recorría parte de la Comarca y Tierra de Berlanga, apenas me abandonaba un instante la curiosa sensación que tenía de que estaba viendo esos lugares, que he visitado tantas veces, por primera vez.

Berlanga de Duero, señorial y tranquila; protegida, desde los tiempos en que fuera frontera y vanguardia de la Reconquista, por unas sólidas murallas y un castillo enclavado -cuál nido de águilas- en lo más alto de un promontorio cuya parte trasera, recortada a pico diríase que por el hacha de un gigante, vigila, también, el paso sempiterno y susurrante de las aguas del río Escalote.

Solitarias y tristes, las ruinas del monasterio franciscano de Paredes Albas, situadas en un pequeño promontorio al pie de la sencilla y estrecha carretera local que atraviesa el pueblecito de Ciruela; deja atrás Casillas de Berlanga, y antes de llegar a Caltojar, enlaza con una pequeña arteria que desemboca, ascendiendo entre colinas, en la ermita mozárabe de San Baudelio de Berlanga. ¡San Baudelio! Como buen gourmet, es difícil no saborear intensamente los ingredientes que conforman este genuino y auténtico plato fuerte.

Trato, por un instante, de imaginarme esos cerros pelados; esas colinas, con sus solitarias quebradas que se extienden hasta el infinito, y por un instante -posiblemente igual de breve que el tiempo de vida de una cerilla- el paisaje se transforma en un bosque tupido; inconmensurable; sobrenatural. Hay una estrella -posiblemente la estrella Polar- que señala el lugar donde hombres santos y eremitas buscan la Luz de Dios en lo más recóndito de su corazón.

Después, imagino ver, en la parte más baja del cerro, aproximadamente donde ahora se encuentra la carretera, una senda forestal, por la que huye despavorida la caballería sarracena, derrotada por el empuje incontenible de los reinos cristianos en expansión: entrechocar de espada y cimitarra; relinchos de caballos; gemidos de agonía; enfrentamiento fratricida de culturas...

Un ruido de pisadas en la gravilla del camino, convierte mi ensoñación en frágiles pompas de jabón, que no tardan en estallar y desaparecer al entrar en contacto con la realidad. Se trata del guarda de San Baudelio, que se acerca cansino, a desgana, con su rostro adusto y aburrido, posiblemente hastiado de abrir la puerta de la ermita a gente que -en su opinión- no valora en realidad semejante maravilla. Tal vez sienta celos de compartir con alguien una obra de arte que en su momento, algunos vecinos no supieron conservar, y hoy languidecen de nostalgia -cuál emigrante- al otro lado del Atlántico.

No son pocas las veces que me he acercado a San Baudelio y siempre me ha llamado la atención este señor, un caso atípico de introversión en la provincia; tan poco complaciente a la hora de permitir la subida de los escalones que llevan al coro, como acceder a consentir la utilización del ’flash’ en la cámara, que poco o ningún daño puede hacer ya a unas pinturas que no existen; tan buen buscador, sin embargo, de excusas formales, en las que siempre tiene la culpa el ’director’, y que me recuerda el fósil antediluviano que continúan siendo los organismos oficiales de este país, y que apenas han cambiado desde los tiempos de Mariano José de Larra y su famosa crítica del ’vuelva Vd. mañana’. Su parquedad de palabras, así como la ausencia de cualquier gesto de benevolencia que, en lugar de hacer la visita un acontecimiento digno del lugar sublime en el que te encuentras, consigue que en el fondo -y por respeto al espíritu sagrado del lugar- humilles la cabeza hacia el suelo como los bueyes, acortando el tiempo que pensabas permanecer en el interior, impregnándote con la esencia del lugar, sabedor que, un minuto más en su compañía, puede significar una retirada de puntos en el carnet particular de tu educación.

De retorno a la arteria principal, con un agridulce sabor de boca, el camino continúa hasta Caltojar, distante apenas un par de kilómetros del oasis de San Baudelio. Parten de este punto, otras dos pequeñas arterias: la de la izquierda, lleva a Bordecorex y a la atalaya islámica de La Veruela; la de la derecha, se adentra en el corazón de Caltojar, donde se yergue, sólida y espléndida como una montaña, la iglesia románica de San Miguel Arcángel.

Este paladín celestial, guerrero y juez, ángel psicopompo equivalente al Anubis egipcio, preside el pórtico de entrada de este interesante templo románico, quizás uno de los más importantes de la región, habida cuenta de que los que existían en Berlanga, constituyen hoy día el armazón fundamental de la Colegiata de Nª Sª del Mercado.

La arquitectura de Caltojar -común a la de muchos pueblos de la provincia- combina las tosquedad añeja de las casonas de adobe y piedra con sabor a tradición, con esa otra fría idiosincrasia que tienen las edificaciones rurales modernas, que tienden a elevarse en varias plantas, estrechas y cubiculadas como juncos, aprovechando hasta el último centímetro de terreno. Por eso, no resulta extraño ver conjuntado un estilo con otro, como si de las piezas de un irregular puzzle inmobiliario se tratara.

Dejo atrás Caltojar, cuando las primeras gotas de lluvia comienzan a caer, sin cruzarme con nadie en mi camino de regreso a Berlanga, y aún me queda ruta por hacer. Atrás quedan, también, el castillo y las murallas, así como el desvío hacia el mundo pétreo, espectacular y fantástico de Tiermes.

Unos metros más allá, y antes de llegar al rollo gótico o picota donde antiguamente se llevaban a cabo los castigos populares, me desvío por un camino rural, sin asfaltar, que, atravesando extensas llanuras donde en ésta época del año predomina el color verde esmeralda de la hierba en pleno desarrollo, conduce hasta el pequeño pero interesante pueblo de Aguilera. El trayecto es relativamente corto, aproximadamente dos kilómetros, durante los que nunca tienes la sensación de encontrarte aislado -sensación común a otros lugares de la región- pues incluso en la distancia siempre tienes como referencia el espectacular promontorio bajo el que se asienta, así como el obelisco -enhiesto como un mástil- de la iglesia románica de San Martín, un curioso exponente de la arquitectura religiosa y rural del siglo XII.

Se comenta que Aguilera fue tierra de templarios, aunque sea difícil encontrar evidencias claras que así lo demuestren, si exceptuamos, como reseña, la curiosa estructura cubicular de la iglesia, que pudiera tener alguna relación. Visto desde el elevado lugar sobre el que se asienta la iglesia -cuando no a través de los arcos de ésta, lo que garantiza, además, la visión de un paisaje espectacular- el pueblo conforma una piña de casas agrupadas que, de alguna manera, recuerda la distribución de los antiguos castros celtíberos. Por supuesto, pasado y presente se hacen el relevo, siempre y cuando no lejos de algunas casas en ruinas, se levantan los cimientos de nuevas construcciones que, a no tardar mucho, irán sustituyendo la morfología de un pueblo con genuino sabor a tradición.

Son de destacar, por otra parte, sus bodegas, que, en forma de cuevas o subterráneos, se adentran en el corazón de la colina. Con la grata sensación del humo proveniente de una chimenea -sobre todo ahora que la lluvia comienza a caer con más intensidad- que me recuerda el calor entrañable de un hogar, abandono un lugar que, con o sin templarios, aún mantiene vivo un añejo e inolvidable sabor a tradición. Con un agradable sabor de boca, pues, dejo atrás la Tierra de Berlanga, y sin importarme la lluvia que cae, me dirijo hacia la Tierra de Osma, y más allá, aún, a San Esteban de Gormaz. Pero claro, eso forma parte de otra historia.


Foto de Abanco en Internet


Cambios de nombre

A través de una valiosa información del Berlangués de Osnabrück, localizamos el decreto, publicado en la Caceta de Madrid, el día 2 de julio de 1916, en el que se daba cuenta de los cambios en la toponimia de pueblos y ciudades con nombres iguales.

Con estos cambios de denominación, la Sociedad Geográfica, encargada del estudió previo, perseguía la desaparición de la extraordinaria y lamentable confusión originada por el hecho de existir entre los 9.266 ayuntamientos que constituyen la Nación, más de 1.020 con idénticos nombres. Entre los criterios utilizados se hablaba de procurar no alterar los nombres de las poblaciones con más entidad, tener en cuenta los antecedentes históricos para que el calificativo no fuera arbitrario y dar predilección a las palabras que expresan nombre de corriente de agua, montaña, territorio o particularidad geográfica.


En la siguiente relación están los pueblos de la provincia de Soria que adaptaron sus nombres, en la que aparece Rebollo, que a partir de esa fecha se llamaría Rebollo de Duero (la foto de arriba es de los últimos niños que tuvo su escuela, en 1970).

  • Aguaviva, se llamará Aguaviva de la Vega
  • Almenar, se llamará Almenar de Soria
  • Arcos, se llamará Arcos de Jalón
  • Ausejo, se llamará Ausejo de la Sierra
  • Bocigas, se llamará Bocigas de Perales
  • Canredondo, se llamará Canredondo de la Sierra
  • Carbonera, se llamará Carbonera de Frentes
  • Castejón, se llamará Castejón del Campo
  • Espeja, se llamará Espeja de San Marcelino
  • Esteras de Lubia o de Soria, se llamará Esteras de Lubia
  • Frechilla, se llamará Frechilla de Almazán
  • Fuentelsaz, se llamará Fuentelsaz de Soria
  • Herrera, se llamará Herrera de Soria
  • Langa, se llamará Langa de Duero
  • Ledesma, se llamará Ledesma de Soria
  • Matanza, se llamará Matanza de Soria
  • Monteagudo, se llamará Monteagudo de las Vicarías
  • Montuenga, se llamará Montuenga de Soria
  • Portillo, se llamará Portillo de Soria
  • Póveda, se llamará Povédola
  • Rebollo, se llamará Rebollo de Duero
  • Retortillo, se llamará Retortillo de Soria
  • La Revilla, se llamará La Revilla de Calatañazor
  • San Andrés de Soria o de Almarza, se llamará San Andrés de Soria
  • Serón, se llamará Serón de Nájima
  • Tardajos, se llamará Tardajos de Duero
  • Torrubia, se llamará Torrubia de Soria
  • Valdelagua, se llamará Valdelagua del Cerro
  • Valdemoro, se llamará Valdemoro de San Pedro Manrique
  • La Vega, se llamará La Vega y Lería
  • Viana, se llamará Viana de Duero
  • Los Villares, se llamará Los Villares de Soria
  • Villaverde, se llamará Villaverde del Monte.