29 de septiembre de 2014
El ídolo de Cabreriza
10 de agosto de 2011
Barcones y Rello vuelven a sonar
Asi titula la noticia el Diario de Soria de hace unos días, al hablar de la restauración y recolocación de las campanas de las iglesias de Barcones y de la Villa de Rello.27 de junio de 2011
El Tolmo de Cabreriza
- en vasto, para cuencos de cocina,- engobadas, por fuera y dentro o solo la cara vista, con mineral rojo de hierro local para ollas y fuentes,- vasos con delicadísimas paredes, trabajadas con arcillas con mucho desgrasantes de cuarzo, lo que les proporciona un aspecto pétreo, siempre desnudos de engobes, buscando el color gris-negro.- platos y cuencos de comer pulidos y bruñidos en pasta negra, buscando siempre la ligereza de la pieza, lo que se consigue con el control de la temperatura del horno de cocción asi como del ordenamiento y distribución de las piezas en la hornada.
Negra, pulida o bruñida para comer, desnuda de engobe, fina y ligera para beber.Roja para jarras y contenedores de líquidos y amarilla pulida para servir la mesa.Gruesas fuentes y cuencos para cocinar, con carenas en los fondos, con pequeños pitones para facilitar el transporte,Bordes decorados con ungulaciones sistemáticas a lo largo del borde de la boca, o con líneas paralelas realizadas con punzon; posiblemente salseras.
19 de julio de 2010
foto aérea de Cabreriza
pinchando AQUI: Dónde Dios ya no habita II, del blog Rutas abandonadas de España
30 de diciembre de 2009
La Batalla de Cenagra
Ha llegado hasta los oidos curiosos de un lector de este blog, que últimamente se están realizando partidas de paintball en Cabreriza. Este juego, al que algunos llaman deporte, nos ha llegado de los Estados Unidos de Norteamerica, donde lo practican diez millones de personas, y consiste en combatir entre dos equipos, disparándose bolas de pintura, vestidos como si acabara de llegar la tercera guerra mundial, con trajes militares y máscaras que confieren a los jugadores un aspecto diabólico.La empresa que aparece como gestora del evento es Ocioaventura Almazán. Se supone que, bien esta empresa o el mismo grupo de jugadores tendrían los permisos de rigor para realizar estas actividades en las que, aparte de ponerse perdidos de pintura, se puede deteriorar el entorno. Hace poco, algunos exvecinos del pueblo se quejaban de la depredación que viene padeciendo, haciendonos notar la diferencia entre deshabitado y abandonado, que no es lo mismo aunque en este caso pueda parecerlo. Las casas de Cabreriza todavía tienen dueño, y algunos de ellos aún pagan la contribución en el ayuntamiento de Berlanga. El allanamiento, por tanto sigue siendo un delito.
Todas las fotos AQUI
La Balada de Cenagra
Estos días he desempolvado una vieja bicicleta que había por la casa familiar y, dispuesto a encontrarme cara a cara con la desolación, he sido capaz de pedalear hasta Cabreriza por el moderno camino de grava que sustituyó al de herradura, para uso de la maquinaria agrícola. Nadie fue capaz de construir una mísera carretera. Cabreriza está deshabitado desde 1973. En esa fecha los pocos vecinos, hartos de tanto abandono y aislamiento y con muchos años a las espaldas, decidieron poner tierra de por medio y marcharse a Berlanga o a otros sitios con un poco mas de vida y de servicios. Alli dejaron sus casas, sus huertos y sus muertos, la iglesia, la casa concejo, los corrales, los aperos, las imagenes de su vida, de su infancia, las fiestas, las rondas, las luminarias... Me pongo en el lugar de aquellas gentes. La angustia que debe sentir uno al abandonar su pueblo, y la que se debe sentir en el largo proceso que lleva a tomar esa decisión radical; algo inexplicable que solo puede comprender quien ha tenido la desgracia de vivirlo.
Julio Llamazares ha escrito sobre este tema y ha trabajado en una película titulada El Filandón (1984). Este escritor leonés enamorado de nuestras tierras de Soria, nació en Vegamian, un pueblo de la montaña que fue cubierto por las aguas del pantano del Porma. Tambien hay un librito titulado Noche de enigmas (Edelvives. 1990) del escritor segoviano Ignacio Sanz, inspirado, si no ambientado, en Cabreriza, un pueblo abandonado cerca de Berlanga al que en la novela se llama Cenagra
Cabreriza era un pueblo no de los más pequeños, a principios del siglo XX tenía 250 habitantes. Tenía buenas casas con abundante mampuesto y poco adobe, más usual en otros pueblos de la comarca. Estaba dividido en dos barrios, uno en la falda del cerro y otro en la cúspide, donde tambien estaba la iglesia de la Asunción cuya última construcción data del siglo XVIII. Parece que en su origen, en la repoblación de estas tierras fronterizas por el año mil, hubo una cabaña donde se recogían los pastores con su ganado, que eso es precisamente una cabreriza. Puede que hubiera algun resto de construcción que dejaran los musulmanes en su huida hacia el sur. La Iglesia, que es como decir El Poder, se ocupó de poblar el lugar con colonos de más al norte, a quienes se repartieron tierras, aqui y en el vecino pueblo de Alconeza, que tambien quedaría abandondo siglos después. El entorno era rico en agua, con un rio Talegones, al que suponemos mucho más generoso que en la actualidad, y varias fuentes. En los huertos se cultibaban legumbres y hortalizas, todas de producción ecológica. El ganado pastaba en la dehesa y en el monte de carrasca se cortaba la leña para las frías noches de invierno.
Al principio, despues del abandono, todas las casas estaban enteras, y algunos dueños pasaban por ellas periodicamente para mantenerlas en buen estado, como si tuvieran la esperanza de que esa pesadilla de la que habían sido protagonistas, fuera a acabar y volviera la vida y el bullicio a las calles. Y las casas se mantuvieron una buena decada sin ningun deterioro considerable, hasta que un día los amigos de lo ajeno abrieron una y no pasó nada, y una temporada después otra y otra, hasta el estado en que te encontrarás todo si tienes estómago para aguantarlo. Yo recuerdo la escuela profanada, y el ayuntamiento, con los papeles de caligrafía antigua esparcidos por el suelo y por las calles, y me parece que ningún asentamiento humano tiene derecho a pasar por este amargo trance. He subido hasta el cementerio y mientras me acercaba a la tapia me venía a la mente aquella frase rotunda del Heliópolis, de Ernst Jünger:
"en aquel lugar vivieron, amaron, esperaron y entregaron sus huesos a la muerte gentes innumerables."



