Mostrando entradas con la etiqueta Sigüenza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sigüenza. Mostrar todas las entradas

17 de febrero de 2024

El retablo es de Berlanga

Teníamos ubicado el retablo del convento de Paredes Albas en el seminario mayor de Sigúenza, donde lo habíamos visitado hace unas décadas, cuando el edificio todavía cumplia su función original.  Allí llegó cuando nuestro convento ya llevaba unos años abandonado, y el obispo, de nombre Muñoyerro, titular de la diócesis a la que el arciprestazgo de Berlanga perteneció durante muchos siglos, decidió ponerlo a salvo en esa institución seguntina

Hoy recibimos la noticia de que el retablo ha sido colocado en la iglesia de la Asunción, edificio gótico renacentista del pueblo de Romancos, pedanía de Brihuega, en la Alcarria de Guadalajara.



En los enlaces siguientes se narran sucintamente los avatares del Convento hasta la pobre ruina que podemos contemplar en la actualidad, a pesar de que desde hace unos años el edificio tiene la categoría de Bien de interés cultural:

Paredes Albas 1
Paredes Albas 2

22 de mayo de 2016

El patrimonio disperso


En la ciudad de Sigüenza, a la que perteneció el arciprestazgo de Berlanga en lo eclesiástico hasta la decada de los años 50 del pasado siglo, se encuentra un retablo que salió del Convento de Paredes Albas cuando la iglesia y sus feligreses dejaron de mantener el estado decoroso del local. El obispo de la diócesis, de nombre Muñoyerro según nos dicen algunos vecinos que todavía recuerdan el desmonte y transporte a la Ciudad del Doncel, se lo llevó al Seminario Mayor, edificio que acababa de ser reconstruido tras haber sido bombardeado y destruido casi por completo en la Guerra Civil, y allí debe estar depositado todavía, aunque la iglesia ya no tenga culto y el Seminario haya dejado de funcionar.

En los enlaces siguientes se narran sucintamente los avatares del Convento hasta la pobre ruina que podemos contemplar en la actualidad, a pesar de que desde hace unos años el edificio tiene la categoría de Bien de interés cultural:

Paredes Albas 1
Paredes Albas 2

Adjuntamos también para el archivo sentimental de los que lo conocieron en su sitio original y de los que quisieramos verlo de nuevo, la foto más reciente que hemos podido encontrar

3 de septiembre de 2013

Querencia

1. f. Acción de amar o querer bien.
2. f. Inclinación o tendencia del hombre y de ciertos animales a volver al sitio en que se han criado o tienen costumbre de acudir.
3. f. Ese mismo sitio.
4. f. Tendencia natural o de un ser animado hacia algo.
5. f. Taurom. Tendencia o inclinación del toro a preferir un determinado lugar de la plaza donde fijarse.
(Diccionario de la Academia Española)



Asi pues, retornaremos a la querencia una vez más, con el ánimo más bien encogido, como es costumbre en épocas de estiaje vecinas al equinoccio, cargadas de despedidas y de añoranzas por todo lo que se va perdiendo por el camino.

Pero hemos de seguirlo y no sería conveniente que nos apeáramos en estos momentos cuando hay todavía tantas cosas que contar...


Ayer, cuando volvía a Berlanga, por el viejo camino que ya se ha convertido  en querencia, me salí de la vía principal para, en un par de kilómetros llegarme al pueblo que lleva también este nombre de Querencia, del que cada vez van quedando menos cosas en pie, con su iglesia salvada casi en el último momento del derrumbe, con su fuente todavía copiosa y su abrevadero, rodeados ambos de copudos chopos de añosos troncos. 





Por el camino voy comiendo deliciosas moras de un moral que saca sus ramas por entre una tapia medio hundida. Subo a una loma por detrás de la iglesia para tomar unas fotos y sorprendo entre las matas a una docena de perdices que echan a volar sorprendidas por el inesperado visitante. 

Se divisa el pueblo cercano de Tobes, igualmente abandonado aunque con algunos proyectos para rehabilitarlo y también el imponente castillo de La Riba de Santiuste, un poco más allá otro pueblo, este con vida: Sienes; y unos kilómetros al saliente, otro abandonado y sin esperanza: Torrecilla del Ducado.


Si no fuera porque tenemos ejemplos de abandono bien cercanos, podríamos decir que la despoblación se halla a tan solo una treintena de kilómetros al sureste de Berlanga, y avanza como si buscase su querencia por estas serranías que separan las dos provincias, arrugando las estrechas carreteras hasta convertirlas en polvo y piedras sueltas, como este tramo de no mas de un kilómetro que hay desde el cruce hasta Querencia por el que se ven los primeros corrales y edificios arrumbados, presagio del abandono que nos vamos a encontrar unos metros más arriba, porque es abandono, lo que desgraciadamente nos encontramos a cada paso, aunque se adivine actividad en algunas fincas pasada la fuente, por el ruido de animales y algún tractor, y por las huertas que aprovechan la fertilidad de la tierra.


También se adivina actividad en algunos desescombros en solares a la entrada del pueblo que podrían representar la rehabilitación de algunas casas. Esperanza, que como dice el clásico es lo último que debe perderse, aunque no me encuentro a nadie que confirme ni desmienta, así que me voy por donde he venido con las manos y la lengua manchadas de mora.

18 de noviembre de 2011

Madrid - Sigüenza

Artículo publicado en la edición de Madrid del diario El País, el día 16 de marzo de 2008. Su autora es la escritora Clara Sánchez.

Hay otra manera de pasar los días de Semana Santa sin pegarse una paliza en la carretera y correr el riesgo de que haga mal tiempo y uno no pueda salir del apartamento, y es programarse excursiones de un día o dos. Propongo una para la que no se necesita ni coche. Se trata de tomar en la estación de Chamartín el sábado por la mañana, a eso de las diez, el tren medieval que va a Sigüenza. Se reconoce porque en el andén de cercanías en que está situado van y vienen actores con atuendos de época, por lo que nada más poner el pie allí hay que empezar a dejarse llevar por el ambiente y a disfrutar de la sensación de que uno va acercándose a otro mundo. ¿Para qué ir al lejano Orlando para entrar en los mundos inventados de sus parques temáticos cuando aquí podemos trasladarnos a la Edad Media en un tren de verdad? También el paisaje es de verdad y los dulces que reparten durante el trayecto son auténticos, y la representación en que podemos hablar de tú a tú y discutir con personajes históricos como el obispo Bernardo de Agén (que conquistó Sigüenza en 1124) o con doña Blanca de Borbón (cuya trágica existencia da mucha vida a los muros de piedra de Sigüenza), instructiva y entretenida. Y total que cuando nos queremos dar cuenta hemos llegado.

 ¿Para qué ir al lejano Orlando cuando aquí podemos trasladarnos a la Edad Media en un tren?

Sigüenza es de verdad. Sus tejados rojizos destacan en un páramo con manchas de vegetación y donde en invierno se pueden alcanzar los 15 grados bajo cero, lo que hace que esta ciudad sea recia, sólida, de piedra, y al mismo tiempo delicada, con su Doncel, su doña Blanca y sus dulces. De hecho, la guía que nos ha tocado nos cuenta que el empedrado de la plaza Mayor y calles adyacentes no sólo estaba pensado como pavimento sino para que se masajeara la planta de los pies al andar. ¿Se puede esperar mayor refinamiento? Vamos a ver, ¿a qué Ayuntamiento en nuestros días se le ocurriría pensar en los pies de sus ciudadanos? A mí, que me encanta ser turista y que me cuenten cosas, ésta me deja con ganas de preguntar más detalles, pero no quiero ser la típica lista que acapara a la guía. Los viajeros del tren ya sabíamos a qué grupo pertenecíamos cada uno, y los guías nos esperaban a la salida de la estación vestidos en plan medieval, pero de un modo muy natural, con tejidos de entonces, por lo que los guías quedaban estupendamente entre los muros de piedra de las casas y sobre el empedrado, y los turistas como si nos acabasen de teletransportar con nuestros extravagantes atuendos.

La ciudad es magnífica y está impecable y tiene de todo y a lo grande: catedral, universidad del siglo XV (San Antonio de Porta Coeli), castillo, muralla, las puertas de la muralla como la Puerta del Sol llamada así porque por allí entran los primeros rayos de la mañana, y también la Posada del Sol (siglo XVI), iglesias, conventos, la cantidad de monumentos es abrumadora. Domina la piedra con tonalidades rojas sobre el fondo ocre del resto de la pared, que le da una gran belleza. Fuera de la ciudad todavía quedan restos celtibéricos, y dentro, a la Sigüenza medieval, hay que sumarle otra renacentista, introducida por el cardenal Mendoza, a cuyos hijos los llamaba la reina "los bellos pecados del cardenal" (otro detalle delicado); y aún se puede encontrar otra Sigüenza barroca y neoclásica.
 

Precisamente en la misma fachada de la catedral se reúnen varios estilos. Pero preferimos pasar dentro porque es allí donde está el sepulcro del siglo XV de don Martín Vázquez de Arce (El Doncel), cuyo encanto ha traspasado los siglos con gracia y levedad. Su posición es semiyacente y tiene un libro en las manos, con expresión de estar sintiendo muy profundamente lo que lee. Y éste es el enigma que nos lleva a mirarle una y otra vez: ¿qué estará leyendo?, ¿qué le atrapa así? Y en realidad es esta escultura la que le ha hecho famoso porque parece ser que no hubo nada de gran relieve en su vida, a pesar de morir guerreando en Granada a los 25 años. Por entonces ni siquiera se llamaba Doncel. Fue a finales del XIX cuando se le llamó así como definición de su juventud y hermosura. Inmediatamente dan ganas de saber más sobre él y es entonces cuando se impone visitar la casa de su familia.
 
Y después, por una calle muy empinada, subimos al castillo, utilizado hoy como Parador de Turismo, donde nuestra guía nos cuenta la leyenda de Blanca de Borbón, casada con Pedro I el Cruel, que la repudió y la confinó durante cuatro años entre estos muros. Murió muy joven y su fantasma vaga por el castillo. Pobre Blanca.